Entre suspiros tus labios recorren mi espalda, y entonces caigo en tus brazos, mis latidos se aceleran divagando hasta que tus dedos rozan mis mejillas, y todo se estabiliza, mi respiración, mis palpitaciones, mis movimientos certeros, hasta que quedo profundamente dormida y mis sueños quedan inmortalizados en ti, al recibir el calor de mi piel sobre tu pecho en una noche fugaz, melodía y versos sincronizados con un mismo ritmo, hasta que el amanecer logra romper con su esencia anaranjada en el cielo. Y todo empieza.
- Pinell.

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