un viento raudo colisiona
en tu pecho escarpado,
seré brisa para tus mejillas
y prosa en tus vocablos.
Si una tarde,
un fuego escarlata arde
inmerso en tu voz de satín,
transformaré mil caricias
con cenizas y ruinas de marfil.
Si una noche,
la lluvia embriagante
asienta tus ojos de ébano,
acariciare tus ansias
en un eclipse de sosiego.
Y si alguna vez,
incursionas en un vaivén
de quimérico desvelo,
resurgirá el eterno marfil,
al compás del ébano.
- Pinelina.

